La Escritura Inteligente como estrategia potenciadora de habilidades para la vida.

En Via Talentum Academy, no nos olvidamos de lo que realmente importa. Valoramos los medios digitales para el aprendizaje, pero también rescatamos lo valioso de la Escritura Inteligente, como metodología potenciadora de habilidades cognitivas y sociales, es por ello que esta es una asignatura específica que te ayudara a potenciar 4 pilares fundamentales de la conducta: autorregulación, autodisciplina, voluntad y perseverancia.

En distintos medios se ha publicado que la escritura es una actividad en proceso de extinción, debido al incremento de los dispositivos móviles y del uso del computador. Este fenómeno si bien es real, produce consecuencias alarmantes para el ser humano, es por ello que en este artículo planteo los argumentos que justifican el por qué es necesario evitar su extinción.

Empecemos por la pregunta más básica: ¿Qué implica escribir?
La acción de escribir en sus diferentes modalidades, considera la utilización de una serie de atributos cognitivos que cambian dependiendo de la forma ejecutada. Estas habilidades tienen su génesis a nivel neurológico, existiendo una red neuronal por cada habilidad cognitiva que permita la ejecución específica del símbolo o de la letra (Aguilera, 2011). La escritura requiere de un alto grado de especialización hemisférica cerebral, que permita la integración táctilo-cinestésica (táctilo: tacto – cinestésica: movimiento y sensaciones) necesaria para plasmar los trazos en un soporte, por tanto, para que se haga efectiva, requiere a todas las áreas corticales del cerebro trabajando mancomunadamente.

Este arduo trabajo neuronal, se transforma entonces, en una muy buena gimnasia cerebral, puesto que le exige al sujeto utilizar los recursos cognitivos y táctilo cinestésicos que tiene a su disposición para ejecutar una actividad compleja, tanto es así, que diferentes investigaciones destinadas a medir el trabajo neuronal, a través de imagenologías cerebrales, demuestran que la ejecución de la escritura promueve que más zonas del cerebro se activen y trabajen simultáneamente, que el sólo hecho de mirar imágenes, tocarlas o imaginarlas (James, Atwood. 2009), como se promueve con los dispositivos electrónicos.

El sujeto que escribe deja a través de su performance gráfica, la evidencia explícita de un desempeño psico-neuro-motriz concreto. Esta actividad no puede hacerse efectiva si no hay directrices cognitivas que den la orden de movimiento. En efecto, desde el momento en que una persona decide escribir, pone en marcha tres mecanismos cognitivos básicos, el de percepción (input), el de decisión y el de ejecución (output). El mecanismo de percepción o input, le permite al sujeto, captar los estímulos del medio ambiente antes de ejecutar la escritura (por ejemplo reconocer el tipo de hoja en la que debe escribir, la que puede ser blanca, con cuadros o con líneas. Así como también escuchar una consigna verbal o leer una instrucción escrita); el mecanismo de decisión, le permite al escribiente, seleccionar o planear una respuesta motriz compatible con ese medio sobre el cual debe plasmar la escritura y con el contexto implícito del momento (por ejemplo, decidir escribir pequeño porque la hoja es de tamaño reducido, poner o no una salutación, poner o no la fecha, poner la hoja en sentido vertical u horizontal, seleccionar un estilo tipográfico, etc); finalmente el mecanismo de ejecución o output, es la materialización efectiva del movimiento programado, es decir, la escritura plasmada sobre un soporte (hoja, cuaderno o cualquier otro). El siguiente diagrama lo explica:

Lo interesante de esta tríada de mecanismos, es que cuando la acción escrituraria se automatiza, necesariamente la secuencia input-decisión-output, también lo hace, lo que equivale a decir, que la dinámica de directrices cognitivas y acciones gráficas resultantes, son la evidencia de un estilo cognitivo que implica una forma particular de resolver problemas o de enfrentar desafíos. Por tanto, desde ese patrón de comportamiento escritural, es posible inferir habilidades cognitivas y decisionales, como si de una evaluación por desempeño gráfico se tratara.

Reflexionemos un poco:
Si nos ponemos en el caso de que esa forma de escribir automatizada está provista de rasgos disfuncionales que merman la productividad de lo escrito (como por ejemplo: trazos accesorios, letras mal ejecutadas, trazos inconclusos, etc), esa evidencia también lo será del estilo cognitivo del escribiente, el cual es el responsable intelectual del trabajo escritural deficiente y también lo es de la consolidación y/o automatización de un modo disfuncional de ejecutar esa acción. Por consiguiente, si se enseñan nuevos ejercicios de Escritura Inteligente, destinados a modificar o perfeccionar ese modus operandi gráfico disfuncional, se le plantea un gran desafío al cerebro, que implica el entrenamiento y/o potenciamiento de habilidades cognitivas superiores como la atención, memoria, concentración, percepción y velocidad mental, entre otras; las que al ser trabajadas de manera mancomunada y coherente entre ellas (con sentido lógico), dan como resultado una escritura lógica, coherente, representante del perfecto equilibrio entre forma, velocidad y funcionalidad, por ende, una escritura eficiente, que refleja directrices cognitivas más óptimas, por consiguiente, más inteligente.